martes, 3 de junio de 2014

LA IGLESIA Y EL NAZISMO


El papel de la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial ha sido muy criticado. Unos apuestan porque la Iglesia ocupó un papel central en la denuncia del holocausto mientras que otros establecen que la Iglesia estuvo con los nazis.
Frente a lo anterior descubrí una ficha en internet (http://mercaba.org/FICHAS/IGLESIA/Inte03/como_actuo_la_I_ante_el_nazismo.htm ) sobre el papel de la Iglesia en este periodo tan funesto y deplorable de la historia de la humanidad. A continuación presento las líneas más importantes.
“La realidad es que las más contundentes y tempranas condenas del nazismo en aquellos años provinieron precisamente de la jerarquía católica. Y si no fueron más contundentes aún fue por los difíciles equilibrios que hubieron de hacer para denunciar los abusos de Hitler sin poner en peligro la vida de millones de personas en los diversos países ocupados. Nunca dejaron de combatir y condenar los atropellos nazis durante la guerra. Pero tenían las manos atadas: pronto comprobaron que cuando arreciaban sus denuncias, las represalias nazis eran mucho mayores.
…En enero de 1937 se desplazaron a Roma, con la mayor discreción posible, los principales representantes del episcopado alemán (los cardenales Bertram, Faulhaber y Schulte, y los obispos Preysing y von Galen), para solicitar una nueva intervención pontificia que condenara formalmente el nazismo. De ahí nacería la encíclica Mit brennender sorge (Con ardiente preocupación), que hubo de ser introducida en el país de modo clandestino y fue leída el domingo 21 de marzo de 1937 en los 11.000 templos católicos alemanes. Fue un aldabonazo enorme. La denuncia de la ideología y la conducta nazis era clarísima: racismo, divinización del sistema, etc. No faltaban referencias a lo que hoy se denominaría "culto a la personalidad".”
Si en algún momento hubo silencio fue por discreción “…Las  razones de tal discreción están explicadas claramente por el propio Papa en diversos discursos, cartas al episcopado alemán y deliberaciones de la Secretaría de Estado. Las declaraciones públicas sólo habrían agravado la suerte de las víctimas y habrían multiplicado su número. No puede perderse de vista que las declaraciones podían ser contraproducentes y hacer que los nazis radicalizaran más aún sus posturas, como pronto se comprobó. Por ejemplo, cuando la jerarquía católica de Amsterdam se quejó públicamente en 1942 del trato que se daba a los judíos, los nazis multiplicaron las redadas y las deportaciones, de modo que al final de la guerra habían sido exterminados el 90% de los judíos de la capital holandesa”.


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