El papel de la Iglesia durante la
Segunda Guerra Mundial ha sido muy criticado. Unos apuestan porque la Iglesia
ocupó un papel central en la denuncia del holocausto mientras que otros
establecen que la Iglesia estuvo con los nazis.
Frente a lo anterior descubrí una
ficha en internet (http://mercaba.org/FICHAS/IGLESIA/Inte03/como_actuo_la_I_ante_el_nazismo.htm
) sobre el papel de la Iglesia en este periodo tan funesto y deplorable de la
historia de la humanidad. A continuación presento las líneas más importantes.
“La realidad es que las más
contundentes y tempranas condenas del nazismo en aquellos años provinieron
precisamente de la jerarquía católica. Y si no fueron más contundentes aún fue
por los difíciles equilibrios que hubieron de hacer para denunciar los abusos
de Hitler sin poner en peligro la vida de millones de personas en los diversos
países ocupados. Nunca dejaron de combatir y condenar los atropellos nazis
durante la guerra. Pero tenían las manos atadas: pronto comprobaron que cuando
arreciaban sus denuncias, las represalias nazis eran mucho mayores.

…En enero de 1937 se desplazaron a
Roma, con la mayor discreción posible, los principales representantes del
episcopado alemán (los cardenales Bertram, Faulhaber y Schulte, y los obispos
Preysing y von Galen), para solicitar una nueva intervención pontificia que
condenara formalmente el nazismo. De ahí nacería la encíclica Mit brennender
sorge (Con ardiente preocupación), que hubo de ser introducida en el país de
modo clandestino y fue leída el domingo 21 de marzo de 1937 en los 11.000
templos católicos alemanes. Fue un aldabonazo enorme. La denuncia de la
ideología y la conducta nazis era clarísima: racismo, divinización del sistema,
etc. No faltaban referencias a lo que hoy se denominaría "culto a la
personalidad".”
Si en algún momento hubo silencio fue
por discreción “…Las razones de tal
discreción están explicadas claramente por el propio Papa en diversos
discursos, cartas al episcopado alemán y deliberaciones de la Secretaría de
Estado. Las declaraciones públicas sólo habrían agravado la suerte de las
víctimas y habrían multiplicado su número. No puede perderse de vista que las
declaraciones podían ser contraproducentes y hacer que los nazis radicalizaran
más aún sus posturas, como pronto se comprobó. Por ejemplo, cuando la jerarquía
católica de Amsterdam se quejó públicamente en 1942 del trato que se daba a los
judíos, los nazis multiplicaron las redadas y las deportaciones, de modo que al
final de la guerra habían sido exterminados el 90% de los judíos de la capital
holandesa”.
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